Vivir de Apariencias

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Por Fredis Villanueva.   

De entrada nomás, vivir de apariencias es un estilo de vida que al final del día termina mal, porque si ocultamos una situación y fingir ser algo sólo por quedar bien, no es una forma honesta de relacionarnos con los demás.

Eso de mentir para aparentar lo que no somos, no es nuevo, desde que el mundo es mundo, han existido personas que  viven de apariencias. Lo que sucede ahora, es que ha ido en aumento la apariencia como modus vivendi. A la vista está el rechazo a la fealdad. Eso lo podemos entender por el mismo rechazo de la sociedad, aunque no tenemos por qué compartir la presión por determinadas carencias. El caso más emblemático es el de los chinos; recordemos a esa niña encantadora que en la inauguración de Los Juegos Olímpicos de Pekín 2008,  cantaba ante la mirada de una gran parte del globo terráqueo. Pues bien, no era ella la que cantaba. Sólo modulaba, mientras la que cantaba era otra niña, pero no la presentaron porque la naturaleza no la ayudó con su fisonomía; lo que le dio de voz, le negó en simetría estética. De ahí la frase: “Hasta los chinos mienten”. Pero no solo los chinos, en otros aspectos de la vida en sociedad existen la presión por mantener una imagen que no se corresponde con la realidad y eso es deshonestidad.

Tocar el tema, vivir de apariencias, imperiosamente tenemos que traer a colocación el síndrome de Eróstrato; mejor conocido como: “Complejo de Eróstrato”. La persona que lo padece busca sobresalir a como dé lugar, porque quiere distinguirse y ser el centro de atención, eso es lo que le decimos en criollo: “Pantallerismo provinciano”, ya que no desarrolla sus cualidades y capacidades, para aportar algún valor o enseñanza al entorno, sino que construye una personalidad ficticia.

Las personas que viven de apariencias, exhiben sus posesiones materiales sin modestia y con frecuencia  también, se vanaglorian de sus relaciones sentimentales, porque para esa gente, son un logro más. Dicen llevar una vida perfecta, sin problemas. De hecho, a veces llegan a creerse tanto el personaje que se han construido, que aunque la vida se le esté derrumbando a su alrededor, como el frágil castillo de naipes que es, se niegan a reconocerlo.

En mi muy humilde reflexión final, pienso que detrás de quienes viven de apariencias, hay un trasfondo de inseguridad. De manera, que necesitan la aprobación u opinión de terceras personas, para sentirse importante y, por ende, se convierten en esclavos de los demás.

Por lo general, son personas que no han desarrollado una buena conciencia de sí mismas, ni tienen una autoestima sólida, sino que requieren aparentar una situación económica, emocional o familiar, que no tienen. Eso les lleva a perder la conexión consigo mismas y no son capaces de identificar sus propias necesidades, construyendo una máscara tras la cual esconderse, que las convierten en algo que no son.

Por demás está decir, que tristemente eso es lamentable y, más aún, si se trata de alguien que uno aprecia o de un familiar. Porque realmente esa gente no son malas, sino que tienen un mundo más que de disfraz, de auto engañoso.

Gracias por haber leído el artículo, si te gustó, compártelo con tus familiares y amigos.

¡Que Dios te bendiga. Un abrazo! ¡Hasta el próximo miércoles, Dios mediante!                 

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