Tiempo Falconiano

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Cuba no es solución

Se tiene que combatir la sensación de que la situación de nuestro país no admite, por ahora, solución y que no nos queda más que esperar que se produzca el cambio necesario. Si bien ésta es una opción que por razones comprensibles puede recibir aceptación, se tiene que reconocer que no es buena porque limita, no se sabe cuánto, el espíritu de lucha por la libertad y la democracia, algo que nunca se debe abandonar. Entonces se debe repetir y reiterar la exigencia vital de mantener la esperanza y la confianza en la recuperación de nuestro país, tanto por la natural aspiración a vivir una vida propia de seres humanos dignos de esta condición, como por el proceso de deterioro por el cual ha venido atravesando el gobierno, el cual concluiría con su desplome. Esto último es tan cierto como decir que el país no funciona, que no posibilita la satisfacción mínima de la existencia natural de la población, incluso de la operatividad rutinaria del gobierno. Es absolutamente cierto que la población venezolana no puede continuar existiendo sin satisfacer sus necesidades vitales, tal como, a manera de ejemplo, el consumo de agua. Es absolutamente cierto que el gobierno no puede continuar operando sin cancelar los sueldos y salarios de los trabajadores que pueden hacer funcionar, a manera de ejemplo, el servicio eléctrico. Es absolutamente cierto que así como los venezolanos democráticos opositores al gobierno no tenemos la fuerza requerida para enfrentar la fuerza de las armas del gobierno, este mismo gobierno no tiene la fuerza necesaria para enfrentar y vencer la fuerza desestabilzante que le significa su parálisis operacional, debiéndose destacar las consecuencias derivadas de la ignorancia y la incapacidad técnica de sus funcionarios para realizar gobierno. Es absolutamente cierto que el gobierno no tiene la fuerza requerida para vencer el significado del apoyo internacional abierto a la causa de la democracia y la libertad de Venezuela, muy superior a la intención de mantenerla dominada por intereses articulares y ocultos. Se debe apreciar el significado de la decisión de Maduro de incorporar al Embajador de Cuba al Consejo de Ministros, algo que realmente no es una novedad dado que es fácil reconocer el papel de “procónsul en la colonia” que ha jugado el representante de Cuba en Venezuela. Se puede admitir que Maduro y sus similares consideran a Cuba como una especie de madre patria, algo relacionado con el concepto de Lenín de un mundo comunista sin naciones independientes. He aquí una enésima razón por la cual Cuba no puede significar una ayuda para la solución a la situación trágica de Venezuela. En conclusión, fe, esperanza, confianza y perseverancia, y llegará la victoria. Es posible que alguien considere que esto es una muestra de romanticismo, de utopía, de optimismo terco, pero la terrible subsistencia del venezolano es algo muy real, como lo es la incapacidad del gobierno y la continuación indetenible de su deterioro, y la decisión irreversible de la parte determinante de la comunidad internacional de lograr el regreso  de Venezuela a la colectividad de pueblos libres y soberanos. La realidad del 23 de enero de 1958 puede revivir el espíritu democrático que en verdad nació ese día para el pueblo de Venezuela, por encima de la negadora historia anterior, y de los errores cometidos después, especialmente los relacionados con la procura indebida del poder generadora de tantas consecuencias obstaculizadoras de la unidad.

Por Douglas Játem Villa

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