Tiempo Falconiano

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La vida y la lucha continúan

La humanidad continúa viviendo. En Venezuela, esto incluye la recuperación de nuestra patria para volver a vivir una existencia normal entre seres humanos normales, quienes concebimos un mundo en el cual se desarrolla el intercambio natural entre consumidores y productores que se traduce en el bienestar del hombre. Se reconoce que no es un mundo perfecto, que ha registrado errores y fracasos, sobre todo el relativo a la mala distribución del ingreso, que ha logrado corregirlos y superarlos para colocar a la humanidad en el nivel de progreso que exhibe hoy, el cual  es aspirado por la casi totalidad de la población mundial. Se reconoce que un pequeño porcentaje de la población piensa, desde un concepto ideológico,  que el Estado debe sustituir el intercambio económico natural, situación que desde un enfoque democrático es aceptable, pero que es contrario a lo deseable y debe ser superado. Se puede decir que es posible que una “buena” negociación, como por ejemplo algo como “Tanto mercado como sea posible y tanto estado como sea necesario”, posibilite diseñar y aplicar un esquema bueno y eficiente de relacionamiento entre el estado y la sociedad de productores y consumidores, que logre incorporar a toda la población mundial al modelo de intercambio natural. Esto se puede señalar con relación al caso de Venezuela, dentro del cual entre 1958 y 1998 el resultado electoral, ganara AD o Copei, era relativamente igual, en el sentido de que operaba el sistema de intercambio natural, con mayor o menor eficiencia. Por otro lado, se registra otro sector, más pequeño, que desde un propósito no democrático, y no ideológico, tiene el propósito de apoderarse y controlar el poder con fines particulares reñidos con la ley, la moral, la ética, en fin con todo lo bueno, honesto y positivo que ha animado al hombre a lo largo de la historia, sector que por ende no es tolerable y que debe ser derrotado. En el caso de Venezuela, esta “derrota” es lo señalado en la primera línea, en el sentido de que es “vitalmente imprescindible” liberar a nuestra patria del control por parte de ese pequeño grupo que pretende mantenerse en el poder con fines totalmente contrarios a todo lo bueno que ha motivado a la República de Venezuela, especialmente a partir del 23 de enero de 1958. Esto puede parecer retórico dada la gran cantidad de veces en la cuales se ha dicho, lo que es simplemente consecuencia de los 21 años de tragedia chavecista, y que tendrá que seguirse repitiendo mientras se produce esa segura liberación de Venezuela. Se reconoce que los venezolanos vivimos una especie de amnesia colectiva, o impotencia, ante la inmoralidad y la resultante necesidad de evitar el desastre, ante la tardanza de un insuficiente liderazgo político y de la sociedad democrática toda en unirse, y en esas condiciones la sociedad da la impresión de no tener capacidad para la expresión de ciudadanía, encerrada en el aislamiento de la indignación impotente. Sin embargo, también se reitera la presencia de muchos venezolanos “visionarios” con quienes podamos encontrarnos en sus ideas, su ciencia y su técnica, su arte, sus poemas, sus sueños y su juventud, todos quienes cuentan con dones y capacidades para generar la transformación de la sociedad. Se reitera el significado real de la historia venezolana de la lucha por la independencia, la democracia y la libertad. Se reitera la confianza en el venezolano, así como en el hombre que será capaz de derrotar todo los grandes obstáculos al progreso humano.

Douglas Játem Villa

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