Sesión solemne para los trabajadores desde Dabajuro

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Es parte de nuestra idiosincrasia exaltar las virtudes de fechas, personajes, acontecimientos, efemérides y todo aquello que se considere meritorio. En Dabajuro nos acostumbramos a darle la solemnidad correspondiente a lo que es importante para la comunidad.

En algunas oportunidades bromeaban amistades de otros lares al decir que en mi pueblo se celebran más ocasiones que las existentes en el calendario.

Este preámbulo para marcar con letras mayúsculas que hoy es día del trabajador y que seguramente hubiésemos organizado la mayor sesión solemne de nuestra historia. Es tanto lo que hacen nuestros trabajadores que no sabemos cómo sopesar su rol en este momento. Lógicamente hablo desde la perspectiva personal de quien tiene a su cargo lo más valioso de cualquier institución, organización o empresa: su recurso humano.

Las circunstancias nos hacen valorar con mucho sentimiento el saber que a nuestro lado tenemos personas que se han quedado para luchar por el país a pesar de una infinidad de palabras que no puedo completar porque las goteras de cada hogar de nuestros trabajadores son tan grandes que las confundimos en el panorama de la cotidianidad.

Es un hecho que los trabajadores de nuestra tierra llegan a ser la familia cercana extendida y eternamente fiel. Esto porque la mayoría de las empresas privadas de estos lares tienen una naturaleza de directrices propias de una organización familiar.

Hay una brecha realmente notoria, dolorosa e injusta entre los trabajadores del sector privado y del sector público. Aquí no me voy a detener porque esta historia se cuenta sola. Es mejor no empañar con una lágrima esta fecha.

Quise hacer de este eco desde el occidente de Falcón una sesión solemne pulcra y esmeradamente protocolar para sentar en el imaginario más limpio de nuestra memoria inmediata a todos los trabajadores y trabajadoras que son héroes en la reconstrucción del país y que quizás no se hayan enterado.

Nuestros hermanos que están luchando en otros países para enviar el sustento a sus hogares también serán homenajeados en este acto. No designaríamos orador de orden porque no alcanzan las palabras para expresar lo que sentimos por nuestros trabajadores y tampoco hay palabras para interpretar lo que viven, lo que sufren,  las cosas que carecen y los sueños a los que les han colocado una pausa que no tiene fecha. Sería un acto con aplausos de pie interminables.

Quisiera escribir sobre todas las cosas que estamos viviendo en los últimos días, pero le robaría el brillo a esta sesión solemne.

Feliz día del trabajador. De nuestros trabajadores que son familia, de la familia que sueña con tocar la dignidad en el tamaño de su esfuerzo.

Reconocer que los trabajadores venezolanos son una excepción universal por sus méritos es entender que en su despertar diario está la verdadera esperanza para el país que se acerca.

Lourdes Díaz Güerere

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