Pacientes renales de Falcón libran una estoica batalla por la vida
Las vicisitudes que presenta el estado Falcón son incontables y notables, impactan en el día a día de los habitantes: servicios públicos, crisis de efectivo e hiperinflación. Una de las poblaciones más vulnerables sin duda son los pacientes renales, quienes deben completar unas de las rutinas más extenuantes para mantenerse con vida.
Tras la aparición del Covid-19 y las medidas implementadas por la Organización Mundial de la Salud y la promulgación de la cuarentena nacional, los riesgos para los pacientes renales han aumentado.
La falta de gasolina, el mal estado de las unidades para el traslado de los pacientes hasta las unidades de hemodiálisis constituye parte de las limitantes para la atención y recepción del tratamiento requerido para este tipo de patología.
Las deficiencias en el sistema operativo de las unidades de diálisis, influyen de manera determinante, más allá de los esfuerzos del personal que presta sus servicios con denuedo y vocación humanista, constituyen un riesgo para la vida de los pacientes renales.
Unidad de diálisis de Coro en terapia intensiva
La Unidad de diálisis del Hospital Universitario Alfredo Van Grieken de Coro, se encuentra en cuidados intensivos. Cuenta con quince máquinas de las cuales, ocho están dañadas y siete, atendiendo un promedio de 50 pacientes diariamente.
El Centro de Nefrología del Hospital Calles Sierra funciona al 80%
En el principal centro de salud de Paraguaná, el Hospital doctor Rafael Calles Sierra, que no ha escapado de la escasez de insumos médicos, pero actualmente la Unidad de Nefrología “Doctora Magaly Romero”, está 80% operativa y dializa 135 pacientes, 28 en cada turno mañana y tarde.

Un paciente que esperaba turno confirmó a La Mañana Digital que actualmente cuenta con todos los insumos, pero falta el químico para lavar las máquinas, no tiene batas de bioseguridad, jabón ni cloro. Pocas veces falta el agua, y cuando ocurre posponen por unas horas los tratamientos y les reducen el tiempo o los asignan para el día siguiente.

Sus aires acondicionados están en funcionamiento, la planta de osmosis trabaja a un 80%, de las 17 máquinas de diálisis hay 14 operando a un 70% y una operativa asignada a los pacientes con hepatitis y VIH, “Son máquinas muy antiguas, se han dañado con el uso, es que en realidad no les hacen mantenimiento”, comentó el joven que lleva cuatro años dializándose.
Para la doctora Yimary Colina, residente, y miembro de la comisión de servicio del ministerio de salud, la unidad es el «caballito de batalla”, tiene kits, capacidad, aire acondicionado, planta eléctrica y el personal trabaja con mística, aunque admite la necesidad de mejorar las condiciones de los pacientes de municipios foráneos.

Las extra hospitalarias sobreviven
Las unidades extra hospitalarias, adscritas al Instituto Venezolano de los Seguros Sociales, IVSS, bajo una concepción privada, van en declive. La institución no cancela regularmente lo correspondiente al servicio por diálisis cuyo monto asciende a la cantidad de 600 mil bolívares por diálisis, equivalente a 0.4 dólares, mientras que el costo real es de $300, ocasionando un desequilibrio en la estabilidad financiera de esta unidad.
Adicionalmente, el excesivo costo de los equipos, la falta de técnicos agrava más el efectivo funcionamiento de estas unidades.
Los ínfimos ingresos económicos están acompañados de la limitante más infame: todo depende de Caracas, así que el material para la diálisis no llega con regularidad, nunca reciben los repuestos de las máquinas, los mecánicos tampoco aparecen y si las reparan con donaciones particulares podrían enfrentar cargos penales por “terrorismo”.
Otro elemento se agrega al deficiente funcionamiento de las unidades de diálisis: los químicos con que se desinfectan las máquinas son de baja calidad, generando problemas en su sistema operativo.
El Centro Nefrológico y Diálisis de Coro, por su parte, atiende a 30 pacientes renales y la Clínica de Hemodiálisis La Fe, a 85 pacientes en promedio.
En Ceninfalca, ubicada en Punto Fijo, hay 15 máquinas dañadas y 20 funcionando con las que actualmente atienden 80 pacientes.
En este centro la falta de ingresos va haciendo mella; no cuentan con recursos para reacondicionar la sala de espera, por lo que a la segunda tanda de pacientes le toca esperar fuera de la institución.

Otras de las vicisitudes es la falta del personal. El bajo sueldo que devengan ha causado abandono laboral; de nueve personas, quedan tres que trabajan casi gratis y cada vez que se libra un aumento la administración considera justo otorgárselo al trabajador, como el último del cual les destinaron un 70 % buscando frenar un poco el éxodo laboral, así lo expuso la médica nefrólogo adjunto Antonielys Mosquera, quien por otra parte reveló que mantienen contacto con los secretarios de gobierno y salud de la región.
Los protocolos para dializar a los pacientes renales contagiados con Covid-19 son diferentes, se siguen rigurosos procesos para garantizar la bioseguridad de los espacios de los centros de nefrología y evitar contagios a otros pacientes renales.

10 pacientes renales murieron en Zamora en el 2020
Pese a las circunstancias, en el municipio Zamora se organizó la Asociación de Pacientes Renales “Rosa González”, paciente que falleció a causa de esta patología el año pasado, con el objetivo de solicitar la cooperación de los organismos locales, regionales y nacionales, respecto a la asistencia y aplicación de todo lo que infiere, el proceso de diálisis para los pacientes renales.
El año pasado fallecieron diez pacientes a causa de deficiencia renal, reflejando las incidencias negativas, y cómo la falta de atención integral en el sistema de salud ha disminuido a niveles ínfimos.
En la actualidad, un total de 11 pacientes renales de este municipio dependen de las escasas probabilidades del gobierno local, que, pese a las limitaciones existentes, coopera con la prestación de una unidad, que los traslada tres veces a la semana al hospital general de Coro, donde funciona a medias, la unidad de diálisis.
Algunos de estos pacientes que tienen la posibilidad de trasladarse en sus vehículos, se ven en la imperiosa necesidad de hacer largas y prolongadas colas en las estaciones de servicio para echar gasolina, en contra de las prescripciones médicas, lo cual constituye un riesgo para sus vidas.
La precariedad del servicio de salud, crea una especie de estoicismo y odisea para los pacientes renales. Se trata de una persistente lucha contra la enfermedad y las circunstancias que la rodean. Los familiares de los pacientes renales, junto a los nefrólogos, las enfermeras y el personal técnico que laboran en las unidades de diálisis, libran esta batalla por la vida.
La falta de insumos médicos, medicamentos, material de laboratorio, equipos de mantenimiento e incluso, de personal especializado, ha hecho de esta patología, considerada como: “Catastrófica de alto costo, riesgo y largo plazo”, una enfermedad que mantiene a los pacientes renales al borde de la muerte.
La dolarización “de facto” de la economía tiene marcadas y negativas incidencias en los pacientes renales. El costo de los medicamentos, asistencia médica, insumos y repuestos para las unidades de diálisis, acrecienta la precariedad y deficiencias en la prestación de este importante servicio de salud pública. No es fácil para un paciente renal, adquirir los medicamentos a precio de dólares, sobre todo, tras el proceso híper inflacionario que vive la economía del país y respecto a la pérdida de valor adquisitivo del bolívar.
kilómetros para dializarse
La situación de los enfermos renales en el municipio Falcón no es distinta a la que presentan las personas con esta patología en todo el país. En esta jurisdicción, la más extensa del estado y donde sus parroquias geográficamente están distantes unas de las otras, existen, según estadísticas del Área de Salud Integral Comunitaria, ASIC, 27 pacientes renales de los cuales 17 ya están en el programa de diálisis de los centros asistenciales del IVSS Coro y Punto Fijo.
Tres de estos pacientes están residenciados en la parroquia El Vínculo, de los cuales uno recibirá un trasplante de riñón en los próximos días, tres en Baraived, 10 en Pueblo Nuevo, tres en Adaure y seis en Moruy, por lo que deben recorrer decenas de kilómetros de carreteras para realizarse sus sesiones según cronograma establecido de lunes a sábado.
Costearse el tratamiento resulta cuesta arriba para la mayoría de los enfermos renales, como a Kaicidio Antonio Álvarez, de Pueblo Nuevo, quien comenzó en el 2012 a sortear los inconvenientes para seguir con vida y comenta que el Hospital Calles Sierra les da una que otra medicina, pero deben debe comprar los polivitamínicos y otros medicamentos de alto costo.

Un paciente que no ha corrido con suerte es Lisandro Bitter, quien pese a múltiples intentos en 11 años de diálisis, ha sido ignorado por las autoridades municipales “Yo he llevado muchos informes a la alcaldía pidiendo ayuda y aparecieron en el basurero, las autoridades no nos paran, ya dejé de insistir y ahora estamos en mano de Dios, nosotros no recibimos ayuda del gobierno”.

El largo camino a casa
En 2020 la crisis sanitaria condujo a los pacientes de Paraguaná a dializarse en Coro; apenas 50 kilómetros separan al hospital de Punto Fijo del hospital de la ciudad mariana, pero la falta de vehículos propios para movilizarse alargaba el traslado ida y vuelta a un promedio de 20 horas. Un bus de Transfalcón salía a las 5:00 am de Pueblo Nuevo hacia el hospital Calles Sierra, a las 9:00 am salía hacia Coro, eran atendidos en el segundo turno y a las 5:00 pm agarraban camino hacia Paraguaná. Llegaban a sus pueblos de origen a las 8 o 9: 00 pm.
La extenuante rutina se prolongó por varios meses hasta que reanudaron las diálisis en el Calles Sierra, donde los lleva y busca el autobús Yutong, el calvario se les redujo a 17 horas. Quienes tienen vehículo propio o de familiares tienen chance de cargar gasolina en la Estación de Servicio “Barboza” de Punto Fijo una vez a la semana.
Para Leobardo Antonio Sánchez, paciente renal desde hace 16 años. Dializarse en Punto Fijo no es un alivio, son 17 interminables horas tres veces a la semana.

¿Cuál dieta especializada?
Lo que coma y beba un paciente puede ayudarle a sentirse mejor. Comer los alimentos adecuados puede darle más fuerza y energía.
En Falcón, el alto costo de alimentos, frutas y verduras, les dificulta apegarse a la indicación nutricional especializada, así como cumplir la máxima de restringir determinadas comidas para evitar la retención de líquido, acumulación de potasio, fósforo y sodio.

Por lo tanto, es común que recurran a los alimentos que consigan a bajo costo o a los de las CLAP como como pasta, arroz, lentejas, caraotas, con altos niveles de proteínas, que acumulan toxinas en la sangre, lo que causa que los riñones trabajen más, a esto se le suma el humo que inhalan cocinando con leña.
Celia Rodríguez, se dializa desde hace 4 años, “Tengo 64 años, ya mi cuerpo está afectado necesito una buena alimentación y muchos cuidados, pero las medicinas están muy costosas, la falta de agua y gas nos pone peor y las autoridades no nos ayudan en nada”.

Cero trasplantes por el programa SPOT
Todos los pacientes tienen esperanzas de ser beneficiados con un trasplante de riñón, lamentablemente un mínimo porcentaje logra concretar el sueño. Según un artículo de Efecto Cocuyo publicado en la página web de la Organización Nacional de Trasplantes de Venezuela, ONTV, más de 700 personas no pudieron trasplantarse desde 2017 como consecuencia de la paralización del programa del Sistema de Procura de Órganos y Tejidos (SPOT), ahora a cargo de la Fundación Venezolana de Donaciones de Órganos, Tejidos y Células (Fundavene) por orden del Ministerio de Salud.
“El suministro irregular e incluso nulo de medicamentos inmunosupresores (tratamiento necesario para impedir que el cuerpo rechace el nuevo órgano o tejido), fallas del tratamiento previo al trasplante, deficiencias en la red hospitalaria, deterioro de los servicios y migración del personal calificado son algunas de las razones que generaron la medida y que, según la Ontv, se han agravado”, dice la reseña.
Una batalla está por terminar felizmente
A Jesús David Zea Urbina, un paraguanero al que hace cuatro años comenzó a fallarle los riñones luego de una supuesta glomerulopatía no biopsiada, se siente afortunado de caminar unas cuantas cuadras desde su casa a las sesiones en el Calles Sierra, además realiza todas las actividades con normalidad. Con valentía e ímpetu obtuvo el título de abogado y acude al Tribunal los días que no tiene terapia. Este joven de 22 años no se resigna y se impuso una meta para este año: un trasplante de riñón, la donante: su madre.
Ha emprendido una campaña recaudar fondos y para pagar las pruebas de compatibilidad cruzada y los gastos del viaje a Caracas. “Tengo fe que todo saldrá bien y que pronto podré ser trasplantado, para vivir mi vida ayudando a otros, alcanzar mis sueños y contar mi historia para que sirva de motivación a tantos luchadores que como yo han tenido que librar esta batalla en momentos tan complejos”, escribe Jesús en el post de su cuenta.

Carencias
Los pacientes renales son personas con carencias desde el punto de vista económico. Esta condición desde una perspectiva social, amerita una mayor y mejor atención por parte del estado venezolano.
Un paciente renal requiere de tres diálisis semanalmente. Esto significa erogación de gastos extras, que demandan de la cooperación de los organismos del Estado, conforme a lo establecido en la Constitución Nacional.
Cada día de vida de estos pacientes es una batalla. La mayoría no consigue empleo porque las diálisis tres veces por semana les impiden cumplir con un horario laboral completo, consideran que las condiciones del país son las mismas que hace diez años, no han mejorado nada, lo único nuevo es el coronavirus y la cuarentena que ha mermado las fuentes de empleo y en consecuencia sus familiares no tienen ingresos económicos fijos. Depender de las máquinas y representar una carga los desgarra mientras siguen sacando fuerzas para continuar viviendo.
Texto y fotos: Luis Hidalgo CNP: 13.501, Danilo Sarmiento CNP: 10.435 y Carlos Atacho


