No, no me estoy volviendo viejo

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Permítanme que haga un paréntesis para hablarles, sin engreimiento, un poquito de mí y compartir con respeto y afecto, una joya de poema sobre la vejez, del poeta y novelista romántico francés, el gran Víctor Hugo.

Resulta, que ayer martes 8 de junio, cumplí un año más de vida y a pesar de la pandemia suscitada por el Covid-19, lo considero muy especial, en el cual, logré materializar algunos objetivos importantes, aprendí muchas lecciones que  me ayudaron a visualizar un cambio, me inventé un nuevo proyecto de vida y lo mejor de todo, que aprendí que todavía tengo mucho que aprender; por esos motivos, estoy muy agradecido con Dios.

Por otro lado, debo darle las gracias a toda esa gente maravillosa que con sus palabras o gestos, ayer hicieron de mi cumpleaños un día hermoso y como cosa normal en las fechas especiales, siempre hay quienes nos sorprenden con sus felicitaciones. Así pues, que no tengo palabras para agradecerles tantos elogios y bonitos deseos. En cambio, personas de quienes esperaba algún mensajito, por alguna razón no me escribieron, sin embargo, les digo lo mucho que las quiero, aprecio y respeto, aún más, ¡Gracias a todos por ser parte de mi vida!

Paso a transcribir el poema de Víctor Hugo, que nos puede ser muy útil si lo interiorizamos.

-Te estás volviendo viejo- me dijeron-, has dejado de ser tú, te estás volviendo amargado y solitario. 

Y el autor responde:

No, no me estoy volviendo viejo, quizá me estoy volviendo sabio; y te voy a decir por qué. Ya he dejado de ser a lo que a otros les agrada que yo hiciera, para convertirme en lo que a mí me gusta ser, he dejado de buscar aceptación de la gente para aceptarme a mí mismo, he dejado atrás esos espejos mentirosos que me engañaron sin piedad.

No, no me estoy volviendo viejo, me estoy volviendo asertivo, selectivo de lugares y personas, costumbres e ideologías. Ya dejé ir apegos, lastres y dolores innecesarios, ya dejé ir personas tóxicas y almas queme dañaron, y quiero que sepas que no es por amarguras, es por salud. Ya dejé las noches de fiestas por insomnios de aprendizaje, dejé de vivir historia que nunca me llevaron a ningún lado y que solo lo viví en mi mente, ya no las vivo, ahora las escribo, ya logré hacer a un lado a los estereotipos que tanto me marcaron, porque eran impuestos, como llegué a dañar a gente precisamente por estereotiparla, ya dejé también de usar maquillaje y pinturas para el pelo, solo ocultaba mis heridas, esas las dejo ahí, por algo las tengo, ahora llevo un libro que embellece mi mente.

Cambié las farras y la ingesta desmedida de vino y alcohol por tazas de café o té, ya me olvidé de idealizar la vida, ahora la estoy viviendo. No, te repito que no estoy envejeciendo, ahora llevo en mi alma esa lozanía que debí haber usado antes, y en mi corazón llevo también esa inocencia de quien a diario descubre algo nuevo. Llevo en mis manos la ternura de un capullo que al abrirlas expandirá sus alas, con objeto de ayudar y sanar a más gente, e iré a sitios inalcanzables, dejé la frivolidad de lo material para llevar una vida más espiritual.

Llevo en mi rostro la sonrisa que se escapa traviesa al observar la simplicidad la naturaleza, llevo en mis oídos el trinar dulce y bello de las aves al oírlas al despertar y esto alegrará mi andar.

No, no me estoy volviendo viejo, me estoy volviendo selectivo, apostando mi tiempo a lo intangible, reescribiendo el cuento que alguna vez leí o me lo contaron, re entendiendo lo que quizá no quise entender redescubriendo nuevos mundos, y rescatando aquellos libros que a media página yo había olvidado.

Me estoy volviendo más prudente, dejando a un lado esos arrebatos que nada enseñan pero cómo dañan, estoy aprendiendo a hablar de cosas transcendentes, estoy aprendiendo a cultivar conocimientos, estoy sembrando ideales y terminando de forjar mí destino.

No, no me estoy volviendo viejo al dormirme temprano los sábados, es que también el domingo hay que despertar temprano y disfrutar del café sin prisa y leer en calma un poemario. No, no es vejez por lo que camino tan lento, es para observar la torpeza de los que aprisa andan y tropiezan con el descontento. No es por vejez por lo que a veces se guarda silencio, es simplemente porque no a toda palabra hay que hacerle eco.

Te repito, no, no estoy viejo, estoy comenzando a vivir lo que realmente me interesa.

En mi muy humilde reflexión final, pienso que: el poema del gran Víctor Hugo, realza nuestra condición humana. Sus palabras encierran sabiduría, aquella que alcanzamos con los años… En lo personal, me gustó tanto que vi la ocasión para compartirlo con ustedes, lectores(as) de este prestigioso Diario “La Mañana” en su portal Web: www.lamananadigital.com . El momento es oportuno, no porque ayer cumplí años, sino porque llevamos más de un año limitado por la pandemia, causada por el Covid-19. Sin duda, que estamos viviendo nuevas realidades en donde la mayoría hemos dado un giro, un cambio que precisábamos desde hace mucho tiempo.

Gracias por invertir su valioso tiempo en leerme, ojalá se sienta gratificado por la inversión del mismo.

¡Un abrazo lleno de bendiciones!  ¡Hasta el próximo miércoles, Dios mediante!

Por Fredis Villanueva.  

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