Miel y Salmuera

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ÁNGEL Y DEMONIO, Y TAMBIÉN VICEVERSA

o sea 
resumiendo 
estoy jodido 
y radiante 
quizá más lo primero 
que lo segundo 
y también 
viceversa.

Mario Benedetti. “Viceversa”.

La dualidad personal existe, todos somos una especie de reflejo de otras personas que nos habitan, espejos pero también armarios de realidades, hay una Ana pública y otra escondida, que pocos conocen. Siempre guardamos un secreto, pensamientos que no expresamos, deseos reprimidos y a los que les tememos. Somos ángeles y demonios, alegrías y miedos. Cuando la herida supura, sacamos lo peor de nosotros mismos. Le vemos la cara al diablo, pero lo creo necesario. Nadie es completamente bueno, bondadoso, un dechado de virtudes; nadie es totalmente malo, dañino, perjudicial.

Somos ángeles y demonios que cohabitan en un mismo ser. Una forma de Belcebú crucificado caminando por la vida, solo que mostramos al mundo el rostro que más nos conviene, pero también el dominante, mientras el otro aflora en ciertas circunstancias. Puedo ser un saco de huesos o un animal de abundantes carnes. Eso depende de lo que desee proyectar, pero también de la visión ajena, porque construimos imágenes de los otros, desde nuestra mismidad.

No puedo reconocer la bondad en las personas si no hay una pizca de buena fe en mí. Piensa mal y acertarás es un dicho recurrente en nuestra cotidianidad, ¿pero cómo recrear pensamientos negativos y sentir desconfianza de otros individuos si no poseo un poco de malicia y prejuicios?

Nos sorprendemos cuando alguien, que habitualmente es risueño, gentil, amable con sus palabras y acciones, se molesta por algún motivo y saca su lado oscuro. Yo lo aplaudo, no confío en esas personas que andan tan sonrientes por la vida y al parecer, ligeros de equipaje. Seguro cargan toneladas de inconformismo y frustraciones encima, aparentando lo contrario, y cuando le encienden la chispa, explotan, pero no precisamente fuegos artificiales de felicidad.

 Otros, por el contrario, proyectan seriedad, poca emotividad, dureza en sus actitudes y frialdad en su comportamiento, pero en el fondo, son llamarada ardiente de calor reconfortante, y su círculo afectivo más cercano lo sabe. A diario, debemos enfrentar al Dios/Lucifer presentes en nosotros, no temerles, pero tampoco idolatrarles ciegamente, aprender a convivir con ellos, dejarlos que se manifiesten y reconocerlos en nuestra necesaria e inevitable dualidad, porque juntos construyen al ser que somos, como me atreví a hacerlo en este poema de mi autoría titulado “La del espejo y la mía”. Disfrútenlo, ¡nos seguimos leyendo!:

La del espejo es solo apariencias, cumplimiento de normas, escuelas católicas, manual de Carreño. La otra, la mía, es rostro agrietado, pisada rebelde, voz insumisa, ceremonia atea, comer con los dedos. 

La que conoces, es horario de oficina, ratón de biblioteca, tarjeta marcada. La prohibida, es analfabeta, no mide tiempos, no acepta controles. 

La que me gusta, la que grita quién soy, es erudita en placeres, en deleites nada enciclopédicos. La del espejo es la que construyen a diario en la estación de policía, la estrella ciudadana, la de palabra precisa y llaves del condado. 

La otra, la del parto en soledad, es prófuga de la justicia, alerta roja internacional. La académica es clase ejemplar; la oculta, la que habita en mi vientre, escarba en la basura. 

Cuando la del reflejo y la mía se encuentran, se deletrean, se dividen en sílabas, enfrentándose a la brevedad de su abecedario  existencial: dos golpes de voz, un palíndromo reflejo de sí mismo, inicio y fin del espejo, celebración y agonía de la vida/muerte, cuervo y gorrión, suerte alada del universo que las constriñe al ciclo eterno de la mínima frase: Ana.

 [email protected]

@AnaChavez_

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