Las pandemias y la historia del hombre

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Existen momentos de la historia en los que una determinada enfermedad se hizo más prevalente y amenazó a la sociedad. Son eventos que dejaron marcas profundas en los sectores económico, social, demográfico y artístico.

La peste de Atenas (siglo VI), la peste en Europa (siglo XIV), las epidemias de cólera (siglo XIX), la llamada gripe española –la más devastadora de todas– y el moderno SARS-CoV-2 son solamente algunos de los ejemplos más relevantes. Estos eventos son conocidos por su número de víctimas y por el profundo temor que dejaron en las poblaciones, que tuvieron que enfrentarse con enemigos más peligrosos y letales que cualquier conflicto bélico.

La gripe española fue la más devastadora de todas las pestes en su época
Aun estando enfermos la gente iba a trabajar porque consideraba antipatriótico no hacerlo

A estos capítulos tan oscuros de la historia humana pertenecen obras de arte que retratan el Triunfo de la Muerte y la invención de leyendas y criaturas monstruosas para intentar explicar la considerable pérdida de vidas humanas y el terror que provocaron.

La peste de Roma de Delaunay

En este sentido, las figuras que más destacan en la tradición popular son los vampiros. Sus rasgos –los dientes afilados, las uñas largas, su cutis pálido– pueden asemejarse a una precisa fase de la descomposición de un cadáver.

Dante y Virgilio en el infierno de Bouguereau

El estudio del material esquelético perteneciente a fosas comunes del siglo XIV ha permitido observar que la pandemia de peste –causada por la bacteria Yersinia pestis– cambió la apariencia y el cuadro demográfico de la población europea. No solamente desde el punto de vista numérico, sino también desde el genético.

Es probable que las pandemias hayan contribuido a la evolución del ser humano. El lector puede pensar en la sensación de miedo y desconfianza que caracterizó la población europea durante la epidemia de peste. También en el estigma social que afectó a los homosexuales tras la difusión del sida.

En los años cuarenta del siglo XX se descubrieron agentes antibióticos, que atacan y vencen a las bacterias, pero aún no se ha encontrado una medicina eficaz contra los virus. Seguimos igual que hace cinco mil años. El mundo científico se centra en la higiene y las vacunas.

Conocer el origen y la evolución de un agente responsable de una enfermedad infecciosa es importante para prever su desarrollo, su difusión en la población y las consecuencias para el mundo desde los puntos de vista demográfico, genético y evolutivo. Todo esto sin olvidar los aspectos económicos, políticos y sociales.

Mientras no se descubra cómo atacar a los virus siempre irán por delante.

Nos amenaza otra pandemia diferente. No es de naturaleza bacteriana ni vírica, aunque sí se puede considerar infecciosa en cierto modo: el estrés, la falta de empatía, las relaciones humanas favorecerán la alienación individual y de grupo, con la distorsión de las herramientas básicas de la socialización, imprescindibles en los humanos como primates que somos. Corremos el peligro de emular a las situaciones de la famosa novela de Orwell.

Con iformación de Vanity Fair, El Nacional y una versión del texto de Lorenza Coppola Bove, Profesora de Antropología Forense, Universidad Pontificia Comillas

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