LA Paraguaná de Juan Vicente Gómez

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La Guía General de Venezuela editada por Francisco Benet en 1929 ofrece en su primer tomo información general sobre los estados Táchira, Mérida, Trujillo, Lara, Falcón y Zulia. El Estado Falcón comprende las páginas 501 a 629, comienza con el grabado del mapa que ilustra esta nota y los retratos del General Argenis Asuaje, Presidente del Estado, y del secretario general de gobierno J. Francisco Castillo.

La segunda parte de ese primer tomo de la Guía se subtitula «Descripción de distritos y municipios», y Paraguaná aparece por primera vez al describir las costas:

«Desde Punta Cardón a Punta La Macolla la costa es sinuosa, protegida de los vientos, con excelentes puertos o abras, como son La Macolla, Punta Salinas, Los Taques, la bahía de Ayana [sic], a cuya entrada está el Morro de Amuay y la isla de Nocio [?], Adaro, Guaranao, Carirubana, Punta Piedras y Punta Cardón. En este litoral las compañías petroleras norte-americanas han obtenido terrenos para fundar seis puertos o muelles, habiendo comenzado los trabajos en Punta Salinas, al norte de Los Taques, y en Punta Piedras, a la entrada de la bahía de Ayana» (512).

Al referirse a los acueductos, refiere el autor:
«En Santa Ana hay una fuente intermitente que corre hacia el Sur, surte a la comunidad y llega hasta la sabana del mismo nombre, y hacia el Norte otra, que llega hasta La Posa, situada a cierta altura en el cerro y que surtía el acueducto, hoy destruido de Buena Vista. En Miraca hay un arroyo salobre que recorre un trayecto de 2 kilómetros hasta Baraived. La gente pobre se surte de él.»
Y más adelante:
«En Pueblo Nuevo, capital del Distrito Falcón, el gobierno del General Asuaje, ha construido un magnifico acueducto que ha salvado a la población del abandono de sus habitantes por falta de agua. La caja de agua del mismo, se surte del molino «El Amparo», habiéndose construido no solamente este, sino la caja de agua y una magnifica pila en el centro de la plaza de Pueblo Nuevo» (514-515).
Presenta información sobre faros, salinas y petróleo:
«En la Península de Paraguaná, en el puerto de Carirubana, otra compañía de petróleo, la Venezuela Gulf Oil Co., ha construido un magnifico muelle de acero de mil quinientos diez metros de longitud donde atracan vapores petroleros de esta Compañía, que ha establecido allí sus depósitos. El petróleo procedente de Lagunillas y Cabimas, es transportado a este puerto por una flota de doce vapores y almacenado en ocho grandes tanques, de donde es reembarcado para los Estados Unidos e Inglaterra».
Refiere la publicación los caminos de la península traficables en automóvil, el listado de responsables de telégrafos, los funcionarios públicos, comerciantes y «hacendados y ganaderos», así como el número total de habitantes.
Según el censo de 1926 este último era de 24.924 habitantes distribuidos en los pueblos más importantes, es decir: Pueblo Nuevo, Jadacaquiva, Moruy, Santa Ana, Baraived, Buena Vista, Los Taques, Punta Cardón y Adícora.
Paraguaná contaba -según esta publicación- con 15 planteles de instrucción primaria, los cuales suponemos entre escuelas de primeras letras oficiales y maestros que en sus casas enseñaban. Así en Buena Vista la hija del General Eugenio Hernández, en Adícora la maestra Hilaria Arenas o Domingo Gamez Ruiz en Miraca.

La ganadería, la agricultura y la pesca eran las ocupaciones productivas principales de sus moradores. Sin embargo, pronosticaba F. Benet que no pasaría mucho tiempo para que tal situación cambiara por las ventajas de las bahías de la península para la industria petrolera, que de seguro instalarían allí sus refinerías amparadas en los beneficios de las leyes.

Cuadro antecedente al trafago de gentes venidas desde todo Falcón y varias partes del país en la década del cuarenta del siglo XX, que retratan textos como Aquella Paraguaná de Alí Brett Martínez. Importante conocerlo en sus dinámicas y relaciones, pues mucho del discurso surgido con la refinación del petróleo ha tratado de borrarlo, ocultarlo, negarlo y tergiversarlo. Conocer nuestra historia es un imperativo de este tiempo. Conocer y comprender la historia de nuestra tierra, sin concesiones a remembranzas melancólicas e inútiles, parroquialismos deformantes, o a un sentido de identidad arcaico.

Isaac López

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