Historias que inspiran: Hermana Oneida Reyes «Y mi respuesta fu consagrarme al señor»

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En ocasiones es difícil descubrir la esencia real de las personas, quizás porque ellas mismas impiden, bajo cierta postura, darse a conocer del todo, principalmente a aquellos con los que no guardan una relación estrecha. Por eso, alcanzar un grado de empatía con la gente es un trabajo de hormiguita que no todos pueden lograr, solo aquellos que con singular simpatía se acercan, escuchan, sonríen y hacen de la vida de los demás algo fácil y llevadero, personas con historias que inspiran y que los convierten en modelos para muchos.

Oneida Margarita Reyes Álvarez, o sencillamente la Hermana Oneida, es precisamente uno de esos seres que vale la pena conocer, escuchar y comprender, ya que siempre recibirás una palabra acertada y una actitud que puedes copiar sin crédito alguno. Oriunda de Puerto Camarebo, estado Falcón, nacida en una familia de grandes valores cristianos, hija de Carlos Reyes y Carmen Álvarez de Reyes; es la octava de nueve hermanos, que crecieron bajo los preceptos de la unión y el valor familiar como lo más importante.

Religiosa de la congregación diocesana Evangelizadoras Marianas (EMAR) del Instituto Mariano Evangelizador (IME) de la Arquidiócesis de Coro, mujer con un gran espíritu misionero que comenzó precisamente a la edad de los 15 años cuando la invitan a ser parte de la preparación para la primera visita del Papa Juan Pablo II a Venezuela en el año 1985, lo que fue despertando en ella la vocación al servicio y a la misión.

Interpelada por el llamado del Sumo Pontífice que hacía a los jóvenes a no quedarse aislados sino a integrarse a movimientos, comienza su experiencia juvenil en el movimiento Juventud Evangelizadora Falconiana (JEF), siendo una de sus primeras integrantes, lo que le permitió llegar a las periferias de la Arquidiócesis de Coro, sin saber que ya el Señor la había escogida para ser consagrada a él en espíritu y servicio.

Ante la pregunta de cómo fue ese sí, la Hna. Oneida, confiesa no haber sido difícil, por todo lo que ya venía viviendo de la mano del Señor, pero pensó no sentirse capaz de dar el paso, sin embargo, el Padre José Zárraga la invita a ser ministra de la comunión, y ante la insistencia del párroco, no pudo negarse, por lo que al verse tan comprometida con este servicio aseveró: “Doy a Jesús Eucaristía a mis hermanos y yo me tengo que dar más”, y su respuesta fue consagrarse a quien considera el amor de su vida: Jesucristo.

A los 18 años comienza esta experiencia vocacional con las Hermanas del IME, y entre discernimiento y escucha da un sí que perdura con el mismo ardor hasta ahora. Esta mujer ejemplar ha llevado una vida en misión, lo que le ha permitido anunciar la Buena Nueva, no solo entre sus hermanos más cercanos, sino también a nivel nacional y hasta internacional. Aunque considera ser muy feliz, no obvia la idea de que todos tienen una cruz que cargar, inclusive ella, pero ante esto recomienda refugiarse en los hermanos y no guardarse lo que les acongoja, como ella lo ha hecho con sus hermanas de congregación, recordando siempre su fórmula de consagrada que reza: “Y yo llevaré a cabo esta consagración con la ayuda de Dios y la ayuda de mis hermanas” haciendo hincapié que Dios nunca pedirá más de lo que cada uno puede dar.

Motivada por las cartas de San Pablo, ha hecho de la misión un estilo de vida, tanto que tomó como lema de consagración la cita bíblica “Ay de mi si no evangelizo” de 1 Cor 9, 16, donándose de esta manera a predicar el evangelio a donde el Señor la ha enviado. Ante la interrogante sobre qué es lo que más le inspira, respondió contundentemente: “La fe”, asegurando que es lo que la lleva a orar por la misión, pero frente la pregunta si alguna vez se enamoró contestó que sí y no: sí se enamoró, pero no entregó el corazón, y el no porque consideró que saber que alguien le gustaba pero que no era lo suyo, le bastó para comprender que podía dar más desde el estado de vida que actualmente ejerce, el de religiosa.

Una mujer que no se arrepiente de nada, que se siente conforme con lo que Dios le ha dado. Concibe la santidad como don espiritual al cual están llamados todos y que es alcanzable a todos, se define como una persona que da respuesta desde la sencillez a lo que el Señor le ofrece en cada oportunidad que le ha brindado. A pesar de las debilidades y flaquezas espera la vida eterna, y claramente ha trabajado para la llegar ahí. Invita a la juventud a dejarse guiar por el Espíritu Santo, la Palabra de Dios y el ejemplo de María, pues con eso todo lo demás vendrá por añadidura.

Sin duda alguna, quienes han tenido la oportunidad de conocer a la Hna. Oneida Reyes, sabrán contar su propia historia, su experiencia con esta humilde religiosa a la que muchos ya le dan fama de santa, no solo por su amor a la misión, sino por su cercanía y su amabilidad. Un ser siempre sonriente y cargado de palabras esperanzadoras para todos, en fin, una mujer con una historia que inspira.

Con información de la Arquidiócesis de Coro

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