Dios y el Mundo: Por una pastoral de esperanza

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La pandemia del covid-19 crece en nuestro territorio, parece que el confinamiento ya no es la solución, y mientras los organismos se ponen de acuerdo y las vacunas luchan entre sí muchas personas siguen enfermando y otras tantas mueren. La muerte por covid es una de las cosas más traumáticas de nuestros días: el fallecido es totalmente apartado de sus familiares, directo al cementerio o al crematorio, para enterrar alguien que creen que es su familiar y sin ningún acto o rito fúnebre que ayude a aceptar lo sucedido y anime a la esperanza. Surgen entre las personas muchas dudas: ¿Qué pasa con la persona que no se le hace su velorio o funeral? ¿Es permitida la cremación? ¿Qué pasa con esas almas? Respondamos con doctrina cristiana a estas inquietudes.

La muerte ha sido en todas las culturas un acontecimiento revestido de gran significado y acompañado por diversos ritos que rinden tributo al fallecido y da ánimo a sus familiares. En el cristianismo “el sentido de la muerte es revelado a la luz del Misterio Pascual de Cristo, en quien radica nuestra única esperanza. El cristiano que muere en Cristo Jesús sale de este cuerpo para vivir con el Señor”[1]. La liturgia nos propone acompañar la muerte de nuestros hermanos en un clima de profunda espiritualidad: vigilias de oración en torno a la Palabra y el afecto fraterno, ritos de exequias que recuerdan la naturaleza sublime de nuestro bautismo y la siembra del cuerpo, cual semilla que produce muchos frutos y aguarda la venida del Señor. Todos estos ritos ayudan al difunto en el perdón de sus pecados y a los vivos a reflexionar sobre el sentido de la vida y asumir una postura creyente ante el hecho de la muerte.

Ante la inquietud por aquellos que se les entierra sin ningún tipo de exequias cabría recodar que estas son una celebración de la comunidad eclesial en el cual “el misterio de la Iglesia pretende expresar la comunión eficaz con el difunto”[2], entonces más allá de la reunión celebrativa, que siempre es lo deseado, se trata de una oración profunda de comunión entre la asamblea y el difunto, los fieles cristianos que en el sitio donde estén se unen en una misma plegaria por un mismo hermano. De tal manera que aunque la pandemia nos impida los ritos acostumbrados no nos exonera del cumplimiento de orar por los difuntos, uniéndonos místicamente a la Iglesia en su plegaria y cuando esta situación mejore poder reunirnos en asamblea litúrgica para celebra el Memorial del Señor resucitado por todos estos hermanos nuestros.

 Sobre la licitud de la cremación entre los fieles cristianos, la Congregación para la Doctrina de la fe emitió un instructivo en 2016 al respecto, en el cual afirma que “siguiendo la antiquísima tradición cristiana, la Iglesia recomienda insistentemente que los cuerpos de los difuntos sean sepultados en los cementerios u otros lugares sagrados…la inhumación es en primer lugar la forma más adecuada para expresar  la fe y la esperanza en la resurrección corporal”[3] y unido a esto declara que “cuando razones de tipo higiénicas, económicas o sociales lleven a optar por la cremación, ésta no debe ser contraria a la voluntad expresa o razonablemente presunta del fiel difunto, la Iglesia no ve razones doctrinales para evitar esta práctica, ya que la cremación del cadáver no toca el alma y no impide a la omnipotencia divina resucitar el cuerpo”[4]. Lo que si se debe observar como regla general es que “las cenizas del difunto deben mantenerse en un lugar sagrado, es decir, en el cementerio o, si es el caso, en una iglesia o en área especialmente dedicada a este fin”[5], corrigendo algunas costumbres descabelladas de lanzar las cenizas al mar, al aire, mantenerlas en la sala de la casa o repartirlas entre los familiares.

 Lo más lamentable de toda la situación de la pandemia es que muchos mueren sin la debida preparación, sin haber recibido la reconciliación ni el santo viático, se abre allí un campo grande para la misericordia de Dios y también una necesidad para nuestra oración. Durante este mes del rosario se ha iniciado una campaña en los Estados Unidos llamada Pray4it (reza por eso), se trata de rezar diariamente el rosario en grupo o delante del Santísimo Sacramento, aplicando la indulgencia reservada a tal devoción por una persona fallecida por covid. Este acto de misericordia nos une como Iglesia en la plegaria y hace que “nuestra oración los recomiende a la Iglesia del cielo, para que el Señor es dé la posesión del Reino, y a su familiares, amigos y conocidos los confirme en la paz y la esperanza cristiana”[6]  

P. Jesús Camacho SCJ


[1] Catecismo de la Iglesia Católica, 1681

[2] Catecismo de la Iglesia Católica, 1684

[3] Congragación para la Doctrina de la fe. Instructivo Ad resurgendum cum Christo. 3

[4] Congragación para la Doctrina de la fe. Instructivo Ad resurgendum cum Christo. 4

[5] Congragación para la Doctrina de la fe. Instructivo Ad resurgendum cum Christo. 5

[6] Ritual de exequias

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