Desde la Península de la Amistad

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¿Cuál es el pánico al coronavirus?

Cuentan: que una vez, la muerte tenía que pasar obligatoriamente por el pueblo “A”, para poder llegar al pueblo “B”. Un señor del pueblo “A” que vio venir a la muerte le preguntó: ¿Muerte para dónde vas? Respondiéndole: voy al pueblo “B”, a buscar una persona. Cuando ella venía de regreso, el mismo señor la encaró, diciéndole: muerte me dijiste que iba al pueblo “B” a buscar una persona, pero te llevaste tres, a lo que la muerte le respondió: ciertamente, fui a buscar una y las otras dos murieron de miedo, por lo que no es mi culpa.

Sí el coronavirus de Wuhan nos contagiara por las orejas, todos estuviésemos enfermos. A toda hora estamos oyendo hablar del coronavirus. De manera, que sí ese virus fuera una infección auricular, aquí en Venezuela, todos estaríamos esperando la muerte en nuestras casas; porque el país, tiene un sistema de salud muy precaria, aunada a que más del 60%  del personal médico y paramédico, emigraron.

Es público y notorio que La Organización Mundial de la Salud (OMS), declaró el pasado miércoles 11 de marzo, que el brote de coronavirus, causante del COVID-19, se ha constituido en pandemia, por el nivel de propagación mundial, alcanzando su impacto social, y que es de esperar que el número de contagiados, de decesos y de países afectados aumente. A pesar de lo cual, sería la primera pandemia de la historia que podría controlarse.

No es necesario tener que estar oyendo lo que dicende la pandemia del coronavirus, para lavarnos las manos, porque eso, tiene que ser un hábito. Recuerdo de cuando era niño, uno al llegar a la casa, después de pedir la bendición, preguntaba por su comida y nuestra mamá nos aclaraba, que no nos serviría la comida en la mesa, hasta tanto ella no comprobara que efectivamente nos habíamos lavado las manos. De manera, que eso de lavarnos las manos no es nuevo, más bien tiene que ser una costumbre que debemos practicar varias veces al día.

El coronavirus es, en esencia un nuevo virus, un patógeno respiratorio que ataca los pulmones y el sistema inmunológico de los seres humanos, para el cual no existe una vacuna o medicina que lo evite o neutralice. Siendo los factores de mayor vulnerabilidad con riesgo de fallecimiento, los adultos mayores por tener un sistema inmunológico desgastado, pero además, que hayan tenido antecedente de tabaquismo; el estrato social juvenil a quienes se les ha detectado altos niveles de afección cardiovascular, diabetes, obesidad y problemas respiratorios causados por las drogas… De manera, quien no está que uno de esos extracto social,no debe tenerle pánico al coronavirus, sí disciplinadamente se lava las manos cada vez que llegue a su casa.

En mi muy humilde opinión, pienso: que el mismo hecho en que hay cerca de 150.000 infectados y más de 4.000 muertos en pocas semanas por esta pandemia del COVID-19, no hay que subestimar su gravedad, comparándola con una simple gripe, pero tampoco vamos a perder el sentido de la ecuanimidad y la prudencia a la hora de enfrenarla.

Para finalizar, el pasado domingome tocó ir a un súper mercado de Punto Fijo, donde todos sus empleados teníanpuesto el tapaboca, excepto una señora de nombre Yesenia, y al preguntarle porqué ella no llevaba el tapaboca, me respondió con mucha fe: porque estoy cubierta por la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, además, el haber sobrevivido por más de 20 años a este régimen, no creó que este virus me mate en dos semanas. Por último me preguntó: ¿Cuál es el pánico al coronavirus? Pregunta, que le dio el nombre al título del artículo de hoy.

¡Desde la distancia, un abrazo! ¡Hasta el próximo miércoles, Dios mediante!

Por Fredis Villanueva.

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