Calladita me veo más bonita. Parte II (10 años después)

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Ana Cristina Chávez A.

Miel y Salmuera

   “Los zapaticos me aprietan, las medias me dan calor y el beso que me dio mi madre, lo llevo en el corazón”.

No, este no fue el poema que recité en un acto del preescolar, tampoco fue el texto que escribí en una tarjeta que le obsequié a mi mamá en su día. Nada de eso. Esta conocida y mil veces repetida décima infantil, de ahora en adelante se convertirá en mi lema de vida.

Efectivamente, así como lo leen, cual muñequita de porcelana china –o wayuu, que va mejor con mi fenotipo- vestida de seda color rosa, con moñitos en la cabeza y unos lazos gigantes, me dedicaré sólo a mostrar mi blanca dentadura adornada con mis mejillas sonrosadas y boquita rojo carmesí, para permanecer como adorno de vitrina: absolutamente enmudecida, maravillosamente hermosa y eso sí, muy bien comportada, discreta y modosita, como niña de buena familia.

   Amigos del Diario La Mañana, acaban de leer el párrafo inicial del artículo que publiqué en el 2010 y que decidí se convirtiera en la primera parte de este texto que se titula igual: “Calladita me veo más bonita”, (https://mujermielysalmuera.blogspot.com/2010/06/calladita-me-veo-mas-bonita.html). En esa oportunidad cité la frase en tono irónico, y en el 2020 lo mantengo, pero con un matiz diferente, a la luz de las experiencias y aprendizajes obtenidos -¡pero atención!- sin pasar por lo acomodaticio, como lo aseguré en aquel momento.

   Abordemos entonces el tema del silencio, del necesario silencio, no como supresión de criterios o invisibilización de género, no como ejercicio de dominación en el terreno ideológico o cultural, sino como recurso vital y forma de comunicación, porque sí, el silencio comunica, habla por sí mismo si los interlocutores saben leerlo y escucharlo.

Aquella vez escribí el texto manifestando mi indignación y hoy me siento ante el teclado de la computadora, agradecida de saber callar cuando la circunstancia lo exige, aunque piense: “no te preocupes, que yo te agarro en la bajaíta”, y claro, el tiempo es sabio y me da ha dado la razón.

  ¿Qué tal el silencio como castigo? Eso de quitarle el habla a algún compañero o amigo cuando nos molestábamos con él durante la niñez se sigue practicando de adultos. Dejar a alguien en visto en whatsapp, no contestarle la llamada, no responderle el mensaje o borrarlo de todas tus redes sociales equivale a ese “Ya no te hablo” de nuestra infancia, pero en la era de la telefonía celular.

¿Qué pasa por la mente del hombre que se marcha sin decirle nada a su pareja, ni brindarle explicaciones?, ¿sabe callar o lo hace por cobardía? ¿Callamos por miedo o por sensatez? Cada circunstancia es distinta, las personas son un universo infinito de posibilidades, y aquí es cuando el significado de la palabra asertividad y su aplicación toman fuerza.

  Ante una felicidad indescriptible o un dolor profundo, no hay palabras que basten y con frecuencia hay muchas que sobran. Frente al silencio necesario, el gesto de un abrazo sentido o de una caricia, resulta suficiente, pero no todos lo comprenden. Antes de insultar, prefiero respirar profundo y callar, aunque de vez en cuando la tormenta se vuelva huracán y arrase con todo a su paso sin contemplaciones, pero en fin, ¿será que aquí conviene el calladita me veo más bonita?, puede ser…

  Hay personas que aturden con su palabrerío vano, de esas hay que huir, pero son las que abundan. Hablar por hablar, temerle al silencio, a la soledad acompañada de uno mismo, es la fobia de unos cuantos que conozco, hasta el punto de reconocer que no era importante su comentario pero “algo tenía que decir”.

    Sin duda, el silencio debe saber cuándo gritar, como un modo de eludir la destrucción física y moral que acarrearía el quedarse callados. El silencio salva, pero también mata, si no detectamos cuándo recurrir a él. Siento que hay una irresistible belleza en el silencio, pero hay que admirarla con los anteojos adecuados, en la medida que el callarse te traiga paz y no se vuelva en tu contra. Hoy, diez años después, calladita me veo más bonita, pero sigo sin esperar sentada en una vitrina.     

[email protected],                                                 @AnaChavez_

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