REFLEXIONES DEL PASTOR: Fratelli tutti: “Mirada general a la llamada del Papa Francisco” (VI)

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El Santo Padre al comienzo de este capítulo 5 afirma: “Para hacer posible el desarrollo de una comunidad mundial, capaz de realizar la fraternidad a partir de pueblos y naciones que vivan la amistad social, hace falta la mejor política puesta al servicio del verdadero bien común. En cambio, desgraciadamente, la política hoy con frecuencia suele asumir formas que dificultan la marcha hacia un mundo distinto.” (FT154)

El Papa Francisco, con esta afirmación, deja bien en claro que hay que rescatar el verdadero sentido de la política. Lamentablemente en la mayoría de nuestras naciones se ha tergiversado su sentido auténtico y de cómo vivirla. Muchos de los que hoy se autodenominan políticos en nuestros países han transitado por ese mundo con intenciones no correctas. Simplemente buscan a través del ejercicio de la política intereses personales: enriquecimiento, poder, beneficios grupales, familiares o propios.

Se les olvida que la mejor política es para el bien común y universal, política para y con el pueblo, es decir, popular, con caridad social, que busca la dignidad humana; y puede ser ejecutada por hombres y mujeres con amor político que integran la economía a un proyecto político social, cultural y popular.

Esta política se aleja de un populismo que surge cuando el líder político instrumentaliza la cultura del pueblo, con un signo ideológico al servicio de su proyecto personal y su perpetuación en el poder (FT159). Y lamentablemente esta posición política se ha venido incrementando en los últimos años en muchos de los países. El Papa Francisco en muchas oportunidades ha denunciado esta manera de hacer política. “A mí me da miedo cuando escucho los discursos de algunos líderes de las nuevas formas de populismo”, dijo Francisco en su alocución en la basílica de San Nicolás ante los obispos y patriarcas que han participado en estas jornadas en el mes de Febrero de 2020.

Me parece volver a oír los discursos que sembraban miedo y odio en la década de los años 30 del pasado siglo”, añadió, en referencia a la época en la que el fascismo pisaba fuerte en Europa.

Lo verdaderamente popular es lo que promueve el bien del pueblo, se asegura de que todos tengan la posibilidad de hacer brotar las semillas que Dios ha puesto en cada uno (FT162). Ayudar a los pobres debe permitirles una vida digna a través del trabajo; no existe peor pobreza que la que priva del trabajo y de la dignidad (FT162). La caridad se expresa en el encuentro persona a persona, cuando llega al hermano lejano e incluso ignorado. Es necesario fomentar además una mística de la fraternidad, una organización mundial más eficiente para ayudar a resolver los problemas acuciantes de los abandonados que sufren y mueren en los países pobres (FT165). La tarea educativa, el desarrollo de hábitos solidarios, la capacidad de pensar la vida humana más integralmente y la hondura espiritual hacen falta para dar calidad a las relaciones humanas (FT167). Necesitamos una política que tenga en el centro la dignidad humana y sobre este pilar construir estructuras sociales alternativas (FT168).

Es necesaria una reforma tanto de la Organización de las Naciones Unidas como de la arquitectura económica y financiera internacional, para que se dé una concreción real al concepto de familia de naciones. La justicia es indispensable para obtener la fraternidad universal (FT173). La política no debe someterse a la economía y esta no debe someterse a los dictámenes y al paradigma eficientista de la tecnocracia (FT177). La grandeza política se muestra cuando se obra por grandes principios y pensando en el bien común a largo plazo (FT178).

El Papa Francisco nos llama hacia un orden social y político cuya alma sea la caridad social. Nos convoca a rehabilitar la política como una de las formas más preciosas de la caridad, porque busca el bien común (FT180). Esta caridad política supone un sentido social que nos lleva a buscar el bien de todas las personas (FT182). A partir del “amor social” es posible avanzar hacia una civilización del amor a la que todos podamos sentirnos convocados (FT183). Es una fuerza capaz de suscitar vías nuevas para afrontar los problemas del mundo y renovar profundamente las estructuras, organizaciones sociales y ordenamientos jurídicos (FT183).

Los políticos están llamados a preocuparse de la fragilidad de los pueblos y de las personas (FT188). El político es un hacedor, un constructor con grandes objetivos, con mirada amplia, realista y pragmática, aún más allá de su propio país (FT188). Está llamado a renuncias que hagan posible el encuentro y busca la confluencia en algunos temas (FT190).

Para finalizar hago un llamado a nuestros políticos que se llaman cristianos: reflexionen en estas palabras del Santo Padre y vivan la auténtica política, basada en la caridad que Jesús nos predicó.

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