Reflexiones del Pastor: !ALELUYA¡

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Hoy termina la Semana Mayor o Semana Santa. Tiempo en el cual los cristianos recordamos y celebramos el Misterio de Jesús que sustenta nuestra fe. Es una semana que nos recuerda que el Hijo de Dios, renunciando a su condición divina, entregó libre y voluntariamente su vida en una cruz para reconciliar a la humanidad con Dios. Una Semana donde conmemoramos lo que humanamente hablando pareciera el fracaso de una persona. Pero, que, para nosotros, por el contrario, es el triunfo sobre la muerte pues, ese que murió en la cruz, luego resucitó al tercer día. Venció a la muerte.

 Y esa victoria de Cristo sobre la muerte y el pecado es el fundamento de nuestra fe. Como dice San Pablo, vana sería nuestra fe si Cristo no hubiese resucitado. Seguimos y somos discípulos de Jesús que venció a la muerte y nos trajo Vida y ésta en abundancia.

El cristiano tiene que ser testigo de ese Dios de la Vida. El cristiano tiene como misión ir sembrando vida a su alrededor. No puede ser de otra manera. Por eso es lamentable cuando vemos personas que se llaman cristianos y van por la vida sembrando odio, rencores, egoísmos, violencia, injusticias, opresión, etc.

El Dios que resucitó a su Hijo Jesucristo es el Dios de la Vida. “Los hombres podrán destruir la vida de mil maneras, pero, si Dios ha resucitado a Jesús, esto significa que solo quiere la vida para sus hijos.” (Pagola, José Antonio, El camino abierto por Jesús. Pág. 232) Por esta razón los cristianos, sus discípulos, tenemos la obligación de poner vida donde otros ponen muerte. Es inconcebible un cristiano que predique la muerte.

Lamentablemente nuestra realidad nos dice que, muchas veces, personas que se llaman cristianos propaguen s su alrededor muerte. Y cuando hablamos de muerte no solo nos referimos a la desaparición física de personas sino también a todas aquellas actitudes que llevan a afectar la dignidad de la persona humana: pobreza, injusticias, persecuciones, tráfico de drogas, difamación, etc. Dios nos llama a defender a las personas pequeñas e indefensas. Nos llama a estar siempre junto a los que sufren, a luchar contra los que hacen sufrir.

“Vivir pensando en los que sufren, estar cerca de los más desvalidos, echar una mano a los indefensos…seguir los pasos de Jesús, no es algo absurdo. Es caminar hacia el Misterio de un Dios, que resucitará para siempre nuestras vidas.” (Pagola, pág.234) Cuando seguimos al Resucitado aprendemos a dar vida a nuestro alrededor.

Tener fe en el Resucitado es estar al lado de aquellos que viven en la miseria, la humillación y los sufrimientos. Es estar al lado de los niños desnutridos de nuestros barrios, de los jóvenes que ven frustrado su porvenir y se hunden en el alcohol o la droga o deciden abandonar su tierra en busca de nuevas oportunidades. Es estar al lado de los enfermos, los discapacitados física y psíquicamente, de los que hunden en la depresión y la tristeza.

Creer en Jesús Resucitado es luchar por un mundo más humano, más fraterno. Un mundo donde no haya opresores y oprimidos, donde unos pocos tengan mucho y la gran mayoría nada o poco.

Creer en Jesús Resucitado es lo fundamental de un cristiano. No somos propagadores de muerte sino de Vida y por eso cantamos con profunda alegría: ¡Aleluya! La muerte ha sido derrotada y se nos ha dado la Vida en Cristo Resucitado.

Mariano José Parra SandovalArzobispo de Coro

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