La amabilidad

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El Papa Francisco, en su tercera Encíclica Social ‘Fratelli Tuttí’ (Hermanos Todos), propone un programa de vida en el que intenta alumbrar el camino concreto a recorrer para quienes quieren construir un mundo más justo y fraterno, desde lo cotidiano. En dicho Comunicado papal, el Sumo Pontífice, afirma: “Las personas amables son un ‘milagro’ <<una estrella en medio de la oscuridad>>. Son ellas las que cambian el mundo”… Qué más podemos agregarles, si no es comulgar en su totalidad, con la confesión sobre la amabilidad, del Vicario de Cristo.

La amabilidad, según la Real Academia de la lengua Española: es el ser afable, complaciente, afectuoso. La palabra amabilidad abarca muchos conceptos: atención por los demás, respeto, consideración; en sí misma, atesora muchas señales fundamentales de una persona educada y amada.

La amabilidad es una de las virtudes mejor valoradas por todas las personas, porque interviene en todos los ambientes de la vida cotidiana. Una persona amable, por lo general, tiene buenos modales y de trato agradable con todos. Sin duda, que la mayoría de nosotros estamos rodeados de gente amable, ojalá nos pudiésemos contagiar de esa amabilidad.

Por otro lado, cabe destacar que tenemos que entender que la amabilidad tiene su límite, ninguna exageración es buena, no es lo mismo ser una persona amable, que ser fastidiosa, en eso hay que ser comedido para no confundirse.

Una persona fastidiosa: es aquella que insiste más de la cuenta en momentos inoportunos que, en verdad, lo único que causa es repulsión y, aunque se le diga, no comprende que su comportamiento molesta. En estos tiempos de tecnología con las redes sociales, la gente fastidiosa parece haberse multiplicado. Lo mejor que se puede hacer con la persona fastidiosa es ignorarla y si alguien la tiene en sus contactos, bloquearla (eso es solo una sugerencia).

Una persona amable: es aquella que muestra sentimiento cariñoso, cordial, amoroso y gentil. Además, está consciente que la amabilidad exige un autocontrol  firme, para no dejarse dominar por los momentos emocionales. Sabe que no puede invadir determinado espacio, no molesta, sino que armoniza su disposición con los demás y desde el respeto, abre camino de afinidad hacia el otro y el mundo.

En mi muy humilde reflexión final, pienso que la vida está llena de infinitas posibilidades y es que ser amable es gratis y nos abre muchas puertas, al mismo tiempo estamos creando una cultura de confianza, la cual, hemos perdido desde hace cierto tiempo para acá… Y, es que sinceramente, al final del día, para eso estamos aquí, en este mundo: para hacer amigos y aportar por cualquier medio, nuestro granito de arena con amabilidad, en la búsqueda de querer concientizar en la medida que sé puede, a quienes de una u otro manera, forman parte del entorno en el que nos desenvolvemos.

Para finalizar, verdaderamente, cómo cambiaría nuestra realidad, sí fuésemos más amables. Cuántas personas conocemos a nuestro alrededor que tienen una sonrisa que le luce hermosa, sin embargo, no sonríen. El día en que todos lleguemos a entender, que el recurso más poderoso del ser humano está en nuestras palabras, ese día, nuestra amabilidad cambiaría el mundo, tal como lo propone, el PapaFrancisco. Pero recordemos, que el cambio empieza en cada uno de nosotros.

Gracias por haber leído el artículo, si le gustó, ayúdame a compartirlo con sus familiares y amigos.

¡Un abrazo lleno de bendiciones!  ¡Hasta el próximo miércoles, Dios mediante!

Por Fredis Villanueva               

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