Antes de morir, vive

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El nombre de éste artículo, no es de mi autoría, se le atribuye al dramaturgo, poeta y actor inglés, William Shakespeare. Sucede que a veces, acompañado sólo con mi conciencia, me pongo a revisar mis escritos de años anteriores y algunos de ellos, vuelvo a leerlos. Según mi humilde entender, estimo que con el pasar del tiempo han cobrado más autenticidad y el tema de hoy: “Antes de morir, vive”, es oportuno para que en esta Semana Santa, sea un ejercicio de reflexión. Así que, sin más preámbulo, paso a centrarme en el tema.

Shakespeare decía: “Siempre me siento feliz, ¿sabes por qué? Porque no espero nada de nadie, esperar duele. Los problemas no son eternos, siempre tienen solución. Lo único que no se resuelve es la muerte. La vida es corta, por eso ámala. Vive intensamente y recuerda: Antes de hablar, escucha. Antes de escribir, piensa. Antes de criticar, examina. Antes de herir, siente. Antes de orar, perdona. Antes de gastar, gana. Antes de rendirte, intenta. Antes de morir, vive”. Sabias palabras, ¿Verdad qué sí? Con las cuales no tan solo nos identificamos, sino que hay que llevarlas a la práctica para que nos ilumine el camino que hemos elegido seguir.  

Cuántos de nosotros hemos tenido momentos en nuestra vida, en el que por haber hecho algún favor, esperamos aunque sea las gracias de la otra persona. Pero, al no obtener lo que deseamos nos incomodamos, nos enojamos e incluso, como afirmaba, Shakespeare: duele.

Ciertamente, que no podemos controlar nuestros sentimientos, pero sí los pensamientos que los ocasionan. Podemos conseguir que no condicionen nuestra vida. No vamos a decir que eso es sencillo, pero tampoco es imposible.

Por otro lado, una de las características que nos indica que estamos creciendo día a día como persona, es cuando no insultamos, ni humillamos, ni tratamos de bajarles la autoestima a los demás. Pero, tampoco, permitimos que nos insulten, nos humillen o nos bajen la autoestima… Los gritos son el arma de los cobardes, de los que no tienen razón. Siempre nos encontraremos gente que nos querrán culpar de sus errores y sus fracasos. Pero, no olvidemos, que cada quien tiene lo que se merece.

En mi muy humilde reflexión final, pienso en mis antepasados, cuando con su sabiduría innata nos decían: “No hay mal que por bien no venga”. Por eso, disfrutemos la vida que es muy corta, amémosla, seamos felices y no dejemos de sonreír… Recuerda, antes de morir, vive.

Por último, recordemos tres máximas de profundas significación: Una, a veces de quien menos uno espera, es quien nos hace vivir buenas experiencias… Dos, nunca vayamos a arruinar nuestro presente por un pasado que no tiene futuro… Tres, quien hace mal algún día recibirá su merecido.

Gracias por haber leído el artículo, si le gustó, ayúdame a compartirlo entre sus familiares y amigos.

¡Un abrazo lleno de bendiciones!  ¡Hasta el próximo miércoles, Dios mediante!

Por Fredis Villanueva.

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